
Desde 2001 hasta 2005 hubo una boom inmobiliario en Estados Unidos impulsado, en gran parte, por las bajas tasas de la FED. A finales de Agosto de 2005, el mercado inmobiliario se frenó, dando paso a un colapso en el año 2007.
Durante la fuerte expansión del mercado hubo una toma excesiva de riesgo por parte de los bancos (revisar explicación 1 al final) y las financieras que prestaban dinero a prácticamente cualquier persona, sin importar qué tan baja era su capacidad de pago debido a su historial crediticio o, simplemente, porque no tenían ingresos fijos.
Los bonos de los créditos hipotecarios estadounidenses de estas personas con mala calidad crediticia son los famosos “subprime”. Son bonos altamente riesgosos. El colapso ocurrió cuando la FED terminó con la política de tasas bajas y por consiguiente las tasas empezaron a crecer durante 2006, haciendo que muchas personas, cuyos préstamos calificaban como subprime, dejaran de pagar. Al dejar de pagar los bancos empezaron a rematar las casas, produciéndose un sobrestock inmobiliario, lo que a su vez derivó en un derrumbe de los precios de las casas de baja calidad. Los estados más golpeados fueron justamente los que habían gozado más de la explosión, como California y New York.
Los bonos subprime dejaron de transarse casi por completo. El problema surge cuando hay derivados(2) que tienen como subyacente estos bonos, o que tienen incorporados.
Sebastián Edwards cita, en una columna que publicó la revista Capital, el caso de los Collateralized Debt Obligations o CDO, que son derivados financieros complejísimos que se construyen al imitar sintéticamente varios títulos, entre ellos, bonos hipotecarios. Lo complicado es que estos derivados tienen una liquidez muy baja. Cuando empezó la crisis de los subprime, mucha gente tenía CDOs contaminados con estos bonos. El problema más grave se produjo cuando el Banque Nationale de Paris fue incapaz de ponerle precio a estos instrumentos debido a su baja liquidez. Esto ocurrió el 9 de agosto.
Después de esto se han seguido un serie de descalabros corporativos, caracterizados por las caídas del precio de las acciones de empresas importantes en diferentes países del mundo. El 15 de agosto, Countrywide Financial, el principal prestador de créditos hipotecarios de Estados Unidos, sufrió una caída del 13% en el precio de la acción durante una sola jornada bursátil. Esta caída es la mayor sufrida por una acción desde 1987 en la New York Stock Exchange.
El hecho más reciente ocurrió el 13 de septiembre, cuando el banco central inglés tuvo que inyectar 2 billones de libras esterlinas en tres días al banco Northern Rocks para solucionar problemas serios de liquidez. Esto produjo el pánico de los clientes que hicieron cola durante tres días seguidos (del 14 al 17 de septiembre) para retirar sus ahorros de dicho banco.
¿Crisis financiera mundial o sólo ajuste de mercado? Para algunos como Manuel José Balbontín, socio de Compass Group, es bastante claro que no da para ser crisis financiera. Sólo es una crisis de liquidez y de confianza pasajera pero que va a dejar su huella en el mercado inmobiliario estadounidense y, muy posiblemente, un impacto negativo en el crecimiento. Según un articulo publicado por The Economist el 22 de septiembre, la baja de la tasa que hizo la FED el 18 de septiembre espera mejorar en algo el poco auspicioso escenario. But trouble may be coming anyway. El mercado inmobiliario está muy deprimido.
Lo bueno es que en la actualidad contamos con un mundo cada vez menos estadounidense-dependiente, por lo que muy probablemente este “resfrío” va a afectar menos de lo que podría haber afectado hace cinco o diez años atrás.
El desafío mayor está en poner precio a todos los instrumentos que hasta ahora no tienen, debido a su baja liquidez y alta complejidad de construcción. Probablemente, el número de transacciones de éstos se vea recortada. La moda de los activos de complicada naturaleza terminó, aunque no se van a acabar. Sólo se reventó la burbuja, como ocurrió con las .com en 2000.
En Chile, esto no debiera tener grandes repercusiones. Aún más, la crisis de liquidez podría hacer subir el precio del dólar lo que podría no provocar desordenes financieros . Digo “podría”, porque la reciente baja de tasa de la FED contrarrestaría eventualmente este efecto, como lo hemos visto durante la última semana(3).
- El negocio de los bancos es muy simple. Podría resumirse en que, por un lado, prestan dinero a una tasa X%, financiado por bonos vendidos a una tasa Y% a grandes empresas y, por el otro, necesitan invertir y obtener flujos futuros, como por ejemplo, las aseguradoras y las AFPs en el caso de Chile. Los bancos ganan la diferencia entre el X% y el Y%. Los bonos que venden los bancos son, generalmente, paquetes de préstamos que agrupan según un mismo perfil.
- Un derivado financiero es un instrumento (como un acción) cuyo precio depende de otro activo. Por ejemplo un contrato en que una parte acuerda pagarle a otra $Z si el precio de una acción determinada supera el precio de $W.
- Si baja la tasa de la FED en EE.UU., es “más barato” pedir dinero prestado en dólares por lo que hay abundancia de divisa en el mercado. Por su parte, la tasa en Chile está subiendo, por lo que es “más caro” y más gente tiende a ahorrar, lo que genera una “escasez” de pesos. Esta abundancia de dólares versus la escasez de pesos, hace que un dólar valga menos pesos.
1 comentario:
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